¿Qué es un chiste? Veamos qué nos dice la RAE:

1. m. Dicho u ocurrencia agudos y graciosos.

2. m. Dibujo de intención humorística, caricaturesca o crítica, con texto o sin él, referido generalmente a temas de actualidad.

3. m. Suceso gracioso y festivo.

4. m. Chanza, burla, broma.

5. m. Dificultad, obstáculo.

Ahora pensemos en la cantidad de situaciones en las cuales se suele hacer uso del concepto. Los contextos. Sabemos que muchos de ellos no son adecuados para una ocurrencia aguda y graciosa. ¿Por qué, si es graciosa? ¿Acaso no es la risa la que se antepone al malestar?

No. La respuesta es no. Una risa siempre tiene un objeto, y ese objeto muchas veces es una persona. Y como objeto de una ocurrencia ingeniosa, a ese individuo afectado se le puede atacar una parte de su identidad, de su integridad, o más simple aún, de sus sentimientos. No olvidemos, sobre todo, que no es cuestión de individuos. Cuando se normaliza un chiste surge una peligrosa herramienta de propagación cultural. Y aunque no se tome en serio la repercusión de los chistes (valga la redundancia), su influencia cultural en la formación de prejuicios y estereotipos es muy amplia. Así, del ‘era sólo una broma, no te lo tomes tan al pie de la letra’ pasamos a la situación de ‘grupo X es [inserte adjetivo Y] porque hace [inserte Z]’. Al final, no era una inocentada, era una inocentada que por inocente se ha tornado un dramón. Y un dramón, como nos enseñan las películas, acarrea consecuencias. Claro está, un gran número de dramas en Hollywood tiene finales felices. Los que no, sirven para producir lágrimas fáciles en los espectadores. En la vida real eso no ocurre.

Sin ir más lejos, observemos el panorama tan tenso que se ha producido desde siempre en Estados Unidos entre los clásicos blancos/negros. Polémicas con la justicia, finales inconclusos, desigualdad judicial, creación de una contracultura, etc. Y el mayor tabú de todos: muerte. Muerte por violencia, muerte por injusticia, muerte por sentencia. Se ejemplifica a la perfección en el personaje ficticio, Joker, el villano por antonomasia de Batman. Sus bromas macabras ilustran una personalidad nihilista y destructiva, que nos comunica la banalidad de la risa; hasta tiene un famoso cómic con el nombre de La Broma Asesina. Mata por diversión, y a la vez cumple el propósito mediante trampas que parecen ser juguetes de fiesta. Y como los dramas, quizá nos encontremos con otro caso de hipérbole frente a la realidad. Las bromas no matan físicamente, no matan instantáneamente. Pero pueden matar lenta, agónica y emocionalmente. Un proceso mucho más devastador.

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