Estás en la edad exacta. En la edad de estudiar. En la edad de trabajar. En la edad de tener hijos. En la edad de morirte. En la edad de nacer.

Pasemos de página rápidamente. En inglés hay un término, ageism, que significa discriminación por edad. Aunque normalmente hace referencia a las personas ancianas, también se puede aplicar a los más jóvenes y a los propios adultos. Con ello, las palabras que más escucho sobre mis coetáneos por parte del sector adulto son las siguientes:

“Están siempre pegados a las maquinitas, ya no saben lo que es el trabajo duro ni sufrir para conseguir las cosas”.

‘Genial, otra de esas declaraciones’, vuelvo a pensar. Ponte tú en el contexto de nacer en media explosión digital, y crecer en medio de tecnofilia. ¿Es que tiene sentido ponerte a sudar como se hacía en el Antiguo Régimen, por el pan de cada día, en una sociedad como la que tenemos hoy? ¿No nos suena esto a algo familiar?

Muy bien, sabemos que hubo guerras. Que hubo desgracia. Que hubo hambre. Que hubo malestar. Y que todo eso sigue existiendo. Pero no traslades, por el amor de mi madre, tu discurso del sufrimiento a consecuencia de tus vivencias bélicas, porque no necesito escucharlas una vez más. Gran parte de los que sobrevivieron a los duros tiempos del siglo XX no ‘trabajaban duro’ por ellos mismos, lo hacían por: a) coacción, b) miedo, c) obligación; todo remontándose al mismo punto.

No necesito escuchar tampoco tu moral de cruzado. Si quieres algo, ve directamente al ajo. Si sólo anhelas haber tenido mi vida, descarga tu envidia con sinceridad, sin dobles sermones.

Ahora, en muchas sociedades contemporáneas, no vivimos diariamente detrás de bombardeos y tiroteos. No los necesitamos para crecer como personas. El período en el que nos encontramos, no puedo decir que es más complicado, pero es sin duda, más complejo que el que dejamos atrás en el siglo pasado. Hay una diferencia crucial entre ‘complicado’ y ‘complejo’.

Negar que hay sufrimiento simplemente porque no veamos piernas volando y cabezas de trofeo no es indicio de que no haya sufrimiento. El dicho de ‘la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma’ es casi universal. A la gente que no tiene ni idea de ciencia le gusta parafrasearla, porque es una ley aplicable a casi todos los contextos, como lo es en éste:  el sufrimiento no se reduce ni aumenta, sólo se transforma. Estamos en tiempos donde es más implícito que explícito, y mira que hay casos y casos donde te salta por los ojos.

Tampoco anima la fábula del ‘esfuerzo por conseguir tus metas’ si la ecuación es más falsa que un cuento de Disney. Vamos, tenéis que renovar el chiste, que ya hasta en el vientre se nota que no es cierto. Enciende la televisión, vete a un restaurante de comida rápida cercano, y dime dónde están los méritos por esfuerzo que me intentas vender.

Claro está, las guerras son malas y tenemos responsabilidades como individuos. Yo llego a este punto. Pero dejad de crear la misma historia de que la guerra nació con vosotros, porque si vosotros hubierais podido elegir, habríais escogido tiempos menos convulsos y menos armados. ¿Que os hizo más maduros? Genial. Reconocido. Aprovechad y haced una novela autobiográfica de superación, como Viktor Frankl. Ahora id a la sociedad actual y en vez de escupirles a generaciones posteriores, dedicaos a canalizar esa libido en terrenos verdaderamente problemáticos, si tanto os hizo de bien tanta adversidad.

Advertisements